Una piel de vaca con pelo es un producto natural, resistente y único. Cada pieza conserva variaciones propias en el color, el dibujo, la textura, el contorno, largo, ancho y la dirección del pelo; estas características forman parte de su autenticidad y no deben considerarse defectos. Con cuidados sencillos y constantes, la piel puede conservar su belleza durante muchos años.
Para retirar polvo y partículas superficiales, sacuda la piel suavemente o utilice una aspiradora de baja potencia, siempre en la misma dirección del pelo. Evite emplear cepillos duros o frotar con fuerza, ya que esto podría maltratar la superficie.
En caso de un derrame, absorba el líquido inmediatamente con un paño limpio, seco y de color blanco. Presione suavemente sin tallar, para evitar que la mancha se extienda o que el pelo se desprenda. Si fuera necesario, utilice un paño apenas humedecido con agua y páselo delicadamente en la dirección del pelo. Después, permita que la piel se seque de manera natural y en un lugar ventilado.
No utilice cloro, detergentes, solventes, desengrasantes, limpiadores abrasivos ni productos domésticos para alfombras. Tampoco lave la piel en lavadora, la sumerja en agua ni la introduzca en secadora. Para manchas difíciles, recomendamos acudir con un profesional especializado en limpieza de piel natural con pelo.
Mantenga la piel alejada de lugares con humedad excesiva. Si llega a mojarse, retire el exceso de agua con un paño seco y déjela secar extendida, a temperatura ambiente y con buena ventilación. No utilice secadoras, planchas, calefactores ni otras fuentes de calor directo, ya que pueden resecar, endurecer o deformar la piel.
Evite colocarla bajo la luz solar directa durante periodos prolongados. Como sucede con cualquier material natural, la exposición constante al sol puede modificar gradualmente su color y resecar la piel. Si se utiliza como tapete, es recomendable cambiarla ligeramente de posición cada cierto tiempo para favorecer un desgaste más uniforme.
Para conservar el pelo en mejores condiciones, evite colocar muebles pesados directamente sobre la piel o utilizarla en zonas con humedad, tránsito excesivo o roce constante. Si aparecen marcas por presión, cepille el pelo suavemente con la mano y déjelo reposar para que recupere su posición natural.
Cuando necesite guardar la piel, asegúrese de que esté completamente limpia y seca. Enróllela cuidadosamente, sin doblarla, procurando que el pelo quede hacia el exterior. Consérvela en un lugar fresco, seco y ventilado. Evite almacenarla dentro de bolsas de plástico cerradas, ya que estas pueden retener humedad.
Con el uso puede presentarse una ligera pérdida de pelo, especialmente en áreas sometidas a fricción constante. También pueden observarse pequeñas cicatrices, diferencias de tono o irregularidades en el contorno. Estas particularidades son propias de la piel natural y hacen que cada pieza sea verdaderamente única.
Una piel natural bien cuidada conserva su carácter, textura y belleza, convirtiéndose en una pieza que puede acompañar sus espacios durante muchos años.